Cuando el momento es duro y el corazón está triste.
Hay momentos en los que seguir adelante cuesta. Oramos, creemos, conocemos las promesas de Dios… pero aun así duele. Hay días en los que el corazón se siente cansado y pareciera que la situación no va a cambiar.
La Biblia nunca presenta la fe como la ausencia de momentos difíciles. Al contrario, nos enseña que podemos atravesarlos sin que ellos determinen nuestro final.
David conoció profundamente la tristeza. Llegó a preguntarse: “¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí?” Pero inmediatamente respondió a su propia angustia: “Espera en Dios”, Salmo 42:11.
David no negó lo que sentía. Reconoció su tristeza, pero se negó a permitir que su tristeza tuviera la última palabra.
No confundas un momento difícil con el abandono de Dios
Cuando atravesamos temporadas dolorosas, una de las primeras mentiras que puede llegar a nuestra mente es: “Dios se olvidó de mí.”
Sin embargo, Dios promete: “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo.” Isaías 41:10
Observa que Dios no dice: “Nunca tendrás razones para sentir temor.” Dice: “No temas, porque yo estoy contigo.”
La victoria no siempre comienza cuando cambia la circunstancia. Muchas veces comienza cuando, aun en medio de ella, entendemos que no estamos solos.
Puedes llorar y todavía tener fe
Jesús mismo lloró frente a la tumba de Lázaro, Juan 11:35. Él sabía perfectamente que Lázaro resucitaría, y aun así lloró.
Eso nos enseña algo poderoso: llorar no significa que hayas dejado de creer.
Puedes amar a Dios y sentir tristeza. Puedes tener fe y sentirte cansado. Puedes conocer las promesas y aun necesitar llorar delante de Él.
El Salmo 34:18 declara: “Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu.”
Cuando tu corazón está quebrantado, Dios no se aleja. Él se acerca.
No tienes que resolver hoy todo lo que estás viviendo
Jesús enseñó: “Basta a cada día su propio mal”, Mateo 6:34.
Muchas veces el peso se vuelve insoportable porque al dolor de hoy le añadimos las preocupaciones de mañana: ¿Qué va a pasar? ¿Cómo voy a salir de esto? ¿Y si empeora?
Dios quizá no te esté pidiendo fuerzas para enfrentar los próximos seis meses. Quizá solamente te está dando gracia para caminar hoy.
Por eso Jesús también enseñó a pedir: “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy”, Mateo 6:11.
Hay victorias que ocurren así: un día a la vez, una oración a la vez, un paso a la vez.
Lo que estás viviendo no será necesariamente lo que vivirás siempre
La Escritura dice: “Por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría.” Salmo 30:5
La noche existe. El llanto existe. El dolor es real. Pero ninguna de esas cosas tiene autoridad para cancelar las promesas de Dios.
Pablo atravesó persecución, rechazo, cárcel, pérdidas y sufrimientos; sin embargo escribió: “Atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos.” 2 Corintios 4:8-9
Quizás hoy estés derribado. Pero derribado no significa destruido. Tal vez estás cansado. Eso no significa terminado. Tal vez estás llorando. Eso no significa derrotado.
Entrega a Dios lo que ya no puedes cargar
1 Pedro 5:7 dice: “Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.”
No dice que entreguemos solamente aquello que sabemos resolver. Dice toda nuestra ansiedad.
Puedes acercarte a Jesús tal como estás y decirle: “Señor, esto me duele. No entiendo lo que está pasando. No sé cómo solucionarlo. Pero ya no quiero cargarlo solo.”
Y Jesús hizo una invitación precisamente para personas cansadas: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.” Mateo 11:28
La respuesta final al corazón quebrantado no es simplemente aprender técnicas para soportar el dolor. Es venir a Cristo.
Quizás el momento todavía sea duro mañana. Quizás algunas respuestas tarden. Pero puedes levantarte sabiendo algo que la circunstancia no puede quitarte: Dios sigue contigo.
Y mientras Él siga contigo, este capítulo doloroso no tiene autoridad para escribir el final de tu historia.
Un espacio para volver a Dios
Permanece cerca de Cristo.
La oración sencilla, la música de Adoración Sinfónica y el libro SUBLIME pueden acompañar tu tiempo de reflexión.
Oración
Señor Jesús, hoy vengo delante de Ti tal como estoy. Tú conoces mi tristeza, mis temores, mi cansancio y aquello que quizá no puedo explicarle a nadie. Entrego en Tus manos lo que ya no puedo cargar. Sostén mi corazón y dame fuerzas para caminar un día a la vez.
Ayúdame a recordar que aunque no entienda lo que sucede, Tú no me has abandonado. Sana lo que está herido, restaura lo que se ha quebrado y renueva mi esperanza.
Y si me he alejado de Ti, hoy regreso. Reconozco que te necesito. Creo que moriste por mis pecados y resucitaste, y pongo mi vida y mi esperanza en Tus manos. Sé mi Salvador, mi Señor y mi refugio.
En el nombre de Jesús. Amén.









